miércoles, agosto 09, 2006

Editorial - La revolución del “cubano”

Por Alejandro Esquivel

La aparición pública de René Rodríguez, por muchos conocido como “el cubano”, dejó en evidencia cierto malestar en algún sector de la población para con la gestión del actual intendente Aldo Carossi, hechos que no son para nada nuevos ni tienen nada de sorprendente en una sociedad democrática. Se presume que nadie puede dejar conforme al cien por cien de la población con sus actos de gobierno.
Tampoco cabe descalificar el reclamo de Rodríguez por su condición de extranjero, porque hace poco que vive aquí, porque es alto o bajo. Si un turista que visita la ciudad durante dos días sufriera un maltrato o fuera víctima del mal accionar de este o aquél funcionario, también tendría todo el derecho de alzar la voz y reclamar por lo que a él le parece justo.
Pero lo que también ha dejado en claro es el poco (por no decir nulo) espíritu democrático de nuestra población y, fundamentalmente, de nuestros partidos políticos y sus representantes (o militantes, como quiera llamarlos).
Sí podemos separar las aguas, es decir, los reclamos del señor Rodríguez, hay uno en particular que merece al menos un llamado de atención: el pedido de destitución para el intendente.
Ante esta situación, es llamativo que -sin importar quien ocupa el cargo- los partidos políticos de nuestra ciudad no han emitido comunicados repudiando directamente la intención del vecino, quien pretende promover una medida completamente ajena a lo que la democracia contempla.
No se trata de defender la figura particular de Aldo Carossi, una persona. Sí de pretender el respeto a las instituciones democráticas que él representa por estos días: el cargo de intendente de Baradero. No basta con saber que el pedido de Rodríguez y compañía (las firmas que acompañan su reclamo) no tienen asidero legal ni posibilidad concreta de convertirse en realidad por los medios propuestos. Se debe en estas circunstancias, salir a decir a todas estas personas que pretendemos vivir en democracia y que la verdadera democracia no echa a sus dirigentes (Ibarra incluido), sólo los renueva o remueve por medio del voto.
Se entiende que estamos hablando de cuestiones ajenas a lo delictual. Si estuviéramos hablando de malversación o alguna otra figura jurídica comprendida en el Código Penal, otras serían las banderas que alzaríamos para reemplazar a los corruptos. En cambio, lo que aquí sucede nada tiene que ver con los ámbitos judiciales y por consiguiente, en nada amerita el “golpe de Estado” propuesto por la indignación (justificada o no) de un vecino.
Partidos históricos de nuestra ciudad como el Socialista, la Unión Cívica Radical, el ARI, conservadores, liberales aliancistas, y hasta el mismo Justicialismo, no han alzado la voz lo suficiente para defender una cuestión que lo merece.
Tampoco hay que olvidar a los innumerables candidatos a intendente de la pasada elección, que hoy parecen haber desaparecido de la faz de la tierra, pero que, valiéndose del espacio que la democracia les otorga, trataron de rapiñar algún puestito y fracasaron rotundamente.
Noches atrás, un importante dirigente del radicalismo me confesaba haber hecho estos cuestionamientos en un programa de radio, pero también admitió que orgánicamente, su partido no se había expedido.
Sí entendemos que en forma inmediata, la dirigencia política de la ciudad debería haber alzado la voz contra ese intento de trastocar el orden que la democracia ha establecido, fue demasiado tarde cuando el Concejo Deliberante emitió un comunicado bastante incoherente en el que destaca la “libertad de prensa y pensamiento”, pero la condiciona en forma autoritaria diciendo “la ética debe primar en tanto y en cuanto se emita un criterio personal”. Justamente la Constitución garantiza nuestras libertades, aún para los faltos de ética, para la libre expresión de esos pensamientos personales.
Para colmo de males, los ediles señalan “una violación grave y flagrante de los derechos humanos”. La libertad de expresión “es” un derecho humano y puede ser calumniosa, injuriosa, mentirosa u otro motón de otras cosas, pero nunca puede violarse a sí misma por ser lo que es: la forma de decir lo que se nos antoja sin que nadie nos lo prohíba.

1 Comments:

At 10:53 p. m., junio 25, 2007, Anonymous Baradero said...

Muy bueno el site, los invitamos a visitar Baradero.com.ar

Saludos

 

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