viernes, mayo 19, 2006

“Doy gracias a Dios por todo lo bueno y lo malo que me mandó”

La escribana Libertad de Mata ha cumplido 50 años en nuestra ciudad y 84 de edad. Un repaso por su vida, sus tareas y los pormenores de una mujer que ha ganado respeto y reconocimiento en gran parte de la sociedad baraderense.

Cuando uno ve a Libertad Argentina Perego de Mata sentada ante el escritorio, como si aún llevara adelante su profesión de escribana, le cuesta creer que realmente tiene los años que declara sin pudor: “84 años, bien ganados, y 50 en Baradero, porque yo vine acá recién casada”.
Luego continuó el relatando hablando de su vida, en el que nos contaba que se casó en el año 1956 en Rosario y que el mismo año llegó a nuestra ciudad para comenzar su vida de casada. Quizá, al verla caminar, su lucidez y buena memoria se esconden tras los achaques propios de la edad, pero una vez comenzada la charla, su locuacidad inunda de precisiones, fechas y datos de una vida plagada de pasión.

Los primeros pasos en Baradero
Nadie mejor que ella para describir aquellos primeros tiempos en nuestra ciudad cuando recuerda “Yo venía de Rosario, de ejercer mi profesión y venía acá a ser un ama de casa, pero dirigía, porque a pesar de que tenía una casa pequeña, mi marido ya me había puesto hasta una cocinera, porque él no conocía que yo sabía cocinar algo. Vivíamos en la misma casa donde estaba la farmacia, sobre calle Anchorena, porque en aquel tiempo los turnos de las farmacias eran de ocho días seguidos y teníamos muy poca comodidad. Pero yo extrañaba, y cuando llegaba el fin de semana, que no teníamos turno, íbamos a Rosario, y aunque ya no vivían mis padres tenía una hermana y mi cuñado. En esos primeros tiempos en Baradero me vinculé poco con la gente, ya que me dediqué a solucionar todos los problemas legales que tenía la farmacia, porque mi marido no le daba ninguna importancia pero la tenían y en aquella época la impositiva no era como ahora, era más caro, en esa época se pagaba réditos y era muy caro, y con los cuatro empleados que habían en la farmacia había que cumplir con todas las leyes.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero se impone un acercamiento al Rosario de aquellos años y al Baradero que encontró cuando llegó. Libertad, nacida en un pequeño pueblito de la provincia de Santa Fe lo recuerda diciendo “Yo soy de un pueblo cercano a Villa Constitución que se llama Santa Teresa, que viene a ser un poco más que Alsina, pero Rosario era también un poco más de lo que hoy es Zárate, para graficarlo de alguna manera. Y yo ejercía en tribunales, pero no como empleada sino como profesional; yo me había recibido en el ’42 de escribana y también de procuradora, lo que me permitía litigar y pertenecer a un estudio jurídico. La escribana rememora sus tiempos de correr por tribunales “por ahí entre una audiencia y otra teníamos media hora y nos íbamos a tomar un café, y en esas reuniones eran un verdadero encanto, y el que estaba frente a uno, el adversario, o el que defendía a otra persona, era un caballero o era una señorita respetuosa, es más, nos tratábamos como amigos, y como estudiosos del derecho veíamos qué podía resultar la sentencia, pero la vida en Baradero me sacó que yo era una persona de muchas amistades y de mucho tratarme”. Por eso es que recuerda “yo extrañé, pero estaba tan interesada en ordenar mi casa, me sentía muy bien, era un acostumbramiento pero sin sentir molestia, era distinto, tal vez yo era demasiado extrovertida y me encontré con que mi marido era, apreciando a todo el mundo, muy calladito y muy metido en casa, y todavía sigue así.

Pasó casi toda la vida en Baradero, conoció y es apreciada por mucha gente por su tarea como escribana, pero además ejerció la docencia… “Cuando llegué a Baradero dejé todo allá, en ese momento era tesorera del Colegio de Procuradores. Cuando los chicos míos iban al jardín de infantes una cuñada mía me dijo que se había jubilado un abogado de mucho prestigio de las cátedras del Berisso y me pedían desesperadamente que me hiciera cargo de las cátedras de Derecho. Fui, hablé con Bandinelli, quien era todo un señor, le dije que no era docente pero que sabía las materias, que tenía voluntad y que me gustaba mucho el trato con los jóvenes, y así empecé. El primer curso que tuve fue el tercer año del ’62 en el Berisso, que era un lujo, eran ocho o diez alumnos pero se sacaban chispas unos a los otros y cuando yo me senté frente a esos jóvenes me pareció que no había hecho otra cosa en la vida más que darles clase.

Una vida en común
El tono de voz, como la charla, cambia. Si bien la nostalgia acompañaba cada recuerdo, cuando el tema es la familia y sus historias un brillo especial y una serena pasión adornan cada gesto, cada afirmación y cada anécdota. En referencia a las circunstancias en las que conoció al Dr. Enrique Mata, su esposo, Libertad rememora “estamos hablando del año ’38, ahí mi hermano conoce a todos los otros que había en el colegio y todos estos muchachos pasaban por mi calle y yo con una amiga íbamos a espiar la calle y yo pensé que la miraba a mi amiga, porque ella era preciosa” para continuar relatando “luego se casa mi hermana y nosotros nos mudamos y cuando yo ya empezaba el quinto año, el domingo anterior. Yo tenía 16 años y él 24 y ahí nos conocimos. El se había recibido de farmacéutico y estaba empezando con la carrera de bioquímico. Estuvimos cuatro años y pico de novios, luego nos distanciamos un tiempo largo y después nos volvimos a encontrar, y recién reanudamos nuestro noviazgo en el año ’55 y nos casamos en abril de ese año, en enero de 1957 nació Enrique Luis, que nació prematuro y me dio mucho que hacer ya que tenía un problema que no se había desarrollado bien los músculos. A los dos años nació Ernesto, en junio del ’59. Esto es una excepción, porque los que nos llevamos bien a veces no alcanzamos, por razones de la vida, a cumplir 50 años de casados, así que nosotros hemos logrado y Dios nos ha bendecido con la armonía que todavía tenemos y toda la vida la hemos tenido, y estamos acá, acompañándonos”.
Por eso es que no duda cuando se le pregunta por los dos momentos más felices de su vida: “se descarta que fueron los nacimientos de mis hijos y los nietos, pero el haberme reencontrado con el que fue mi novio y el hecho de que casi inmediatamente organizáramos la boda fue el mejor momento de mi vida”.
Al preguntarle qué espera de la vida hoy, responde “que la salud se me mejore, que en realidad son cosas de desgaste del organismo, pero doy gracias a Dios por lo bueno que me mandó y también por lo malo que me mandó, porque gracias a Dios no me mandó penas, aunque he tenido, como toda persona he sufrido la pérdida de mis seres queridos, cuando tenía 20 años perdí a mi madre y cuando tenía 25 murió mi papá.
¿Entonces lo único que le queda es decir gracias…?
Sí, gracias, porque tengo los nietos que son hermosos.